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Publicado: junio 11, 2011 en Rock

Carajo festeja una década el 1 de julio en el Luna Park

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A una década de su formación, tan cerca de Cristo como del punk, los Carajo buscan un hit no tanto como intentan encontrar la paz; el viernes 1 de julio repasan su carrera en el Luna Park.

Encontrar la sala de ensayo, flamante estudio y búnker de Carajo en Chacarita es un desafío. Así como Parque Chas tiene sus leyendas de taxistas errantes que vagaron por sus laberínticas calles circulares durante años sin encontrar la salida, esta zona de la ciudad de Buenos Aires, de árboles grises, cortadas atrevidas y puestos de flores viejos, podría verse desde el aire como un puzzle imperfecto.

En su vientre, flanqueado por gigantescos galpones y fábricas silenciosas, el espacio donde el trío formado por el bajista y cantante Marcelo "Corvata" Corvalán, el baterista Andrés Vilanova y el guitarrista Hernán "Tery" Langer pasa varias horas del día tiene la personalidad de sus dueños: sobrio, seguro, tranquilo y con ausencia de colores estrafalarios y decoración. Sólo una cocina pequeña, una heladera para la subsistencia diaria, un austero sillón azul y una pequeña mesa con tres sillas. Allí es donde ellos, los tres de Carajo, discuten sobre el concepto estético de la próxima gira por el conurbano bonaerense que están por comenzar, con motivo de la primera década del grupo. Y, sí… Carajo ya cumplió diez años y se erige hoy como la banda más importante de heavy alternativo de Argentina y, sin duda, en vivo, uno de los grupos más poderosos del rock nacional junto con Divididos. Pero en todos estos años, han trazado un camino silencioso del que hasta ellos tres se sienten sorprendidos.

"La verdad, cuando se termina la historia de A.N.I.M.A.L., que fue muy doloroso para todos, no esperaba empezar con un proyecto de estas características desde cero y ganar un lugar tan rápidamente. Ninguno lo esperaba", suelta Corvata. "Y tampoco nos damos cuenta mucho de lo que pasa. Nos hacen más notas y, de hecho, estamos teniendo un lugar importante en los festivales sin haber pensado nunca una canción para que funcione como hit", dice, y no se despega un minuto de su clásico pañuelo-vincha. El tono de voz de Corvata es suave, ameno y carga una paz que se extiende hasta sus ojos de cachorro. Andrés, descalzo y en bermudas, asiente. Si bien los tres Carajo no son tipos de declaraciones impactantes ni se mueven en los márgenes de la noche sin fin, analizan cada respuesta minuciosamente. Y la entrevista, por momentos, se vuelve una improvisada sesión de psicoanálisis. "Yo nunca pensé que lo íbamos a lograr tan rápido, te soy sincero. Lo que pasa es que estamos tan metidos en trabajar la música que no te das cuenta a veces cómo vas creciendo. Estamos muy contentos con el disco y con Ale Vázquez, nuestro productor desde siempre. Creemos que hicimos un buen disco, pero nada más. Uno siempre va a pensar que hizo un buen disco, pero esta vez es verdad que notamos una apreciación similar en mucha gente… ¡Debe ser un buen disco, entonces!"

El mar de las almas, el cuarto trabajo discográfico del grupo y sucesor de Inmundo (2007), se mece en un océano de aguas eléctricas, oleadas de guitarras que flotan sobre las líneas asesinas del bajo de Corvata, mitad responsable de la "pared de sonido" que se forma cuando choca con el incansable pie derecho de Vilanova. "La construcción de las canciones esta vez fue diferente, como si fuera un disco conceptual con dos caras bien reconocibles", explica el batero. "Si te fijás… de «Limbo» a «Virus anti-amor» media un mar. de almas, justamente", bromea. "Jamás habíamos hecho algo así, de ir a los extremos", suma Tery. "Pero si nadie imaginó que podíamos hacer el [show acústico] Electrorroto, quedate tranquilo que a esto se van a acostumbrar rápido."

 

Pero al asomar la nariz en el Mundo Carajo, uno percibe que las ideas y las acciones se mueven en forma circular. Siempre, todo se discute entre los tres, bajo la atenta mirada de Daphne, manager del grupo y mamá de Andrés; el referente matriarcal de una sociedad de pocos miembros que parece funcionar armónicamente, con sus matices. "No nos tomemos tan en serio esto de «disco conceptual», porque tampoco ésa fue la idea", aclara el guitarrista. "Fue surgiendo, se fue dando solo. Primero existe un proceso en que escribimos las canciones y después nos sentamos a elegir las que queremos. Al principio trabajamos con treinta temas y fuimos dándoles pista a aquellos que menos nos gustaban. Aunque. si supiéramos lo que realmente le gusta a la gente, directamente no pasaríamos ese proceso. Y, creo que, diez años después, todavía seguimos sin aprender a componer un hit." Tery se refiere a piezas que la banda había decidido olvidar porque no las consideraba aptas ni para su repertorio ni para la radio. "Eso nos pasó por ejemplo con «Chico granada»", apunta Corvata. La canción, perteneciente a Inmundo, iba a ser desechada por no tener "lo suficiente" para estar en un álbum de Carajo, así como Los Cafres habían desestimado en un principio "Si el amor se cae" por no tener "lo suficiente" para estar en un álbum ¿Quién da más? de Los Cafres. Finalmente, un cambio de opinión hizo que no sólo ambas ingresaran en los discos, sino que fueran efectivos cortes de difusión de las dos bandas y un propulsor de sus carreras. Lo que se dice poca visión comercial.

Y no es casualidad que Inmundo aparezca en la conversación. Aquel tercer esfuerzo significó para Carajo un año de nuevas experiencias: la impactante performance en la última edición del festival Gesell Rock, su aceptación popular en Cosquín Rock, la apertura del Club Carajo (un espacio multiartístico y cultural donde el grupo comparte con sus admiradores su universo promoviendo, en sus recitales, ferias de producciones independientes de vestimenta, fanzines y proyectos sociales) y el viaje iniciático a Cuba, en 2006. Un road-trip inesperado que les cambió la cabeza y que los convirtió en la primera banda de rock argentina de su estilo en tocar en la isla. "Un lindo recuerdo de ese viaje es el video de «De frente al mar», el tema de Atrapasueños que filmamos allá", dice Corvata. "Es un país del que uno se vuelve con muchas preguntas y que te corre del lugar de músico para llevarte a un plano muy distinto de la realidad", reconoce Vilanova. Y agrega: "Siento que ese viaje nos cambió por dentro. A partir de ahí empezamos a ver las cosas de otra manera. Más que nada, sobre el desarrollo de las relaciones humanas". Más mística que bíblica, la palabra de Vilanova no desentona con el gesto sereno, el pensamiento pacifista y el estado de gracia que envuelve al trío. Características que, sumadas a la conversión devota de Corvata al cristianismo y sus citas a Krishna, Buda y el best-seller de autoayuda La novena revelación, de James Redfield, confundieron el espíritu de la banda y la clasificaron erróneamente como "rock cristiano". Quizás uno de los puntos más fuertes de esta teoría se halle en guiños extramusicales: en el booklet interno de Inmundo, la banda dedica el disco a la "Iglesia punk, en el nombre de Jesús… pura vida para todos"; y en algunas letras de tono religioso como "Llanto espiritual", que en vivo el cantante supo presentar más de una vez como una canción para "toda la gente que encontró el buen camino". Pero él mismo no se lo toma muy en serio: "Si tuviera que darte una explicación, te diría que nosotros no tenemos religión, ni nada; es algo irónico. Nos causó gracia en ese momento el nombre de la «Iglesia punk», que no es nada más y nada menos que una reunión de amigos donde todos tratan de ser como son". Los tres lo dejan en claro: una cosa es ser cristiano y otra muy diferente es hacer música cristiana. Coincidentemente o no, Corvata participó del disco Buscando lío de Rescate ("ellos vienen del ambiente del palo cristiano y están saliendo del círculo de bandas que en su circuito se denominan «seculares»", aclara), banda que sí abraza el cristianismo a través de una postura clara.

A través de aquel trabajo en conjunto, intentaron focalizarse en la actitud de los primeros cristianos, quienes eran sólo un puñado pero tenían lo básico: fe en Jesús y la presencia del Espíritu Santo. Así, lograban trastornar al mundo, buscando lío al incomodar a una cultura incrédula manteniéndose firmes en su fe. Hoy, Carajo y Rescate son los únicos grupos argentinos en el catálogo del sello Universal. "Cuando sos más chico te rebelás como primera reacción, como algo casi natural", sigue Corvata. "Y ese camino, que te lleva a lo heavy, a lo punk, te lleva también a querer diferenciarte. De ahí encontré un camino de búsqueda espiritual tratando de encontrar paz, amor y respuestas, sin que eso signifique necesariamente que debo considerarme una persona religiosa o estar atado a la Iglesia como institución."

La agenda de cada jornada de los Carajo es intensa. Los ensayos se convierten en improvisaciones, y las improvisaciones pueden derivar en una canción. Esa que Carajo no busca pero que sabe que asomará su cabeza cuando más la necesiten. Y, desafiando al destino, tal vez se convierta en un hit sin que ellos se den cuenta. Si la fórmula ha funcionado hasta aquí, El mar de las almas no debería ser la excepción. "Podría decirte que estamos satisfechos. Es una buena forma de definirnos actualmente, de explicar cómo nos paramos ante el disco y de resumir el sentimiento general de los tres", dice Corvata. "Por ahí no nos damos cuenta de lo que nos dicen los demás sobre nuestra propia música: qué les gusta, que en vivo somos muy buenos y esas cosas que, no te voy a negar, nos ponen bien." Tery lo mira a su compañero hablar con tono zen, se saca su clásica visera, rasca su cabeza, y aclara: "Hay un factor importante que no debemos olvidar y que fue la posibilidad de grabar por primera vez acá, en nuestro estudio. Nos ayudó a tener un panorama más completo de todos los sonidos y aprovechamos para poder quedarnos las horas que queríamos trabajando con las canciones. Esa idea romántica de usar el estudio no sólo para grabar, sino para crear. Y creo que eso se nota en el resultado final".

Ya es casi de noche y en un rato nomás el búnker quedará desierto. Aún siguen conversando sobre el color más conveniente para la gráfica de su próxima gira. Hablan, comparan, debaten y acuerdan por consenso y sin imposiciones individuales. Todos entienden que Carajo es más importante que los nombres y los hombres. "Uno sueña, porque soñar no cuesta nada, pero viste cómo son los sueños", reflexiona el cantante de melena leonina entre la timidez y la humildad. "Y parece que el tiempo nos va demostrando que todo lo que hicimos fue una gran inversión a futuro. Y, con eso, estamos hechos."

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